viernes, 26 de febrero de 2016

Historia inconclusa.

La lágrima infinita, espesa... no rueda sobre tu mejilla, es tan solo la huella implacable de aquel dolor.
Una lágrima reprimida, no liberada al mundo para que nadie conozca tu historia.
¿Qué te pueden decir del sufrimiento? Si el peor dolor en tu corazón fue la soledad absoluta en esos momentos en que el alma necesita de otra alma para sentirse a sí misma, para poder comprender que existe.
¿Quién va a hablarte de cuánto dolió?
Si nadie sabe, ni siquiera vos podrás saberlo. Cómo hubiera sido si...
No importa, porque la pregunta duele en el silencio de una respuesta inútil que no querés saber.
Donde no pudo haber lágrimas, no hubo tampoco sonrisas. Ni sol, ni primavera.
Recuerdos confusos, parcialmente borrados y aún seguís preguntando qué parte fue vivida, qué parte fue soñada.
Qué escena editaste tan profundo en tu corazón que así quedó grabada en la memoria del momento.
Silencios, ausencias. Audio, imagen.
¿Qué películas viviste o seguís viviendo?
Quién dice que estuvo bien o mal querer vivir otra realidad de la que se presentó para vos.
Hiere el blanco de las hojas de tu libro.
Pareciera, a veces, que no hay márgenes, renglones. Solo espacio que se diluye en segundos espesos, infinitos como tus lágrimas.

10 octubre 2014

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